Las islas Galápagos las puedes recorrer con un costoso crucero que te aislará
pero permitirá visitar rincones que no verás de ninguna otra manera, o con tu
mochila integrado en la comunidad local y desplazándote entre islas con pequeñas
lanchas.
Pero lo que no puedes hacer de ninguna manera es limitarte a contemplar sus
paisajes volcánicos y animales exóticos sin preguntarte por el origen geológico
de la islas, o por qué es el único lugar del mundo donde existen tortugas
gigantes de más de 300 kilos. No puedes pasar de largo de la ciencia.
No puedes ver un pingüino sin preguntarte qué diantre hace justo encima del
ecuador, y porqué sólo habitan en ciertas islas del archipiélago. Ni contemplar
a los pinzones de Darwin como si fueran simples gorriones; que es lo que parecen
bajo una mirada superficial. Vista una iguana marina alimentándose de algas,
vistas todas. No puedes limitarte sólo a mirar. Para eso ve a Barcelona que
también hay zoo y playa. Tienes que sentir curiosidad y ansia de comprender.
Tienes que imaginarte a Charles Darwin bajar de su Beagle en la Isla San
Cristóbal y empezar a distinguir especies parecidas a las que había visto en
otros lugares del continente sudamericano, pero misteriosamente adaptadas a las
condiciones tan especiales de aquellas aisladas islas. Si te dejas llevar por la
ciencia, distinguir un pinzón con pico grueso y macizo en la isla de Santa Cruz,
de otro con pico afilado en la isla de Isabella, te parecerá lo más maravilloso
del mundo. Y suplicarás que este ecosistema único sobre la Tierra, que a pesar
de su fragilidad ha mantenido su equilibrio durante los últimos 5 a 8 millones
de años, no desaparezca por culpa de una especie llegada hace sólo escasos
siglos.
Le exigirás a la ciencia que te ayude a comprender el singular entorno que te
rodea, pero también a conservarlo. Eso es lo que hacen los investigadores del
Parque Nacional Galápagos, la Fundación Darwin, y los del flamante nuevo Gaias-Galápagos
Science Center construido en la isla San Cristóbal por las Universidades San
Francisco de Quito y North Carolina. Científicos del mundo, empezad a imaginar
como locos proyectos que os puedan conducir hacia tal paraíso.
Conservación en las Galápagos: 4 maneras de erradicar una
especie
1- Ratas, pinzones y Gavilanes
Imagínate ser una rata preñada en la bodega de un barco, y de repente tener
la oportunidad de escaparte a un edén llamado Isla de Rábida donde tienes toda
la comida que deseas, y ni un único depredador que ponga en riesgo tu vida. Al
ser una isla protegida, no habitan ni siquiera humanos. Tus hijos e hijas
nacerán, crecerán, y se reproducirán constantemente hasta colonizar libremente
la isla en unas pocas generaciones y convertirse en una plaga que pondrá en
riesgo a todos los demás animales de Rábida. Siendo una rata, qué te importa si
hay una veintena de gavilanes endémicos de las galápagos… su comida también es
la nuestra, y sus huevos nos aportan muchas proteínas.
¿Solución implantada por el Parque? Quitar los gavilanes de la isla,
mantenerlos en cautividad por dos o tres meses, y utilizar mientras helicópteros
para fumigar con raticida toda la isla de Rábida. Se
hizo el pasado enero. Acompañar cuatro meses más tarde a la Nueva Zelandesa
Francesca Cunninghame a monitorear los gavilanes reintroducidos en las islas de
Rábida y de Santiago tras la desratización, desembarcar frente la isla Bartolomé
en una playa de arena blanca y acceso restringidísimo rodeada de ríos de lava
seca que se va crujiendo a tu pisar, y subir monte a través de una colina a la
que sólo pueden acceder un puñado de investigadores al año, es una experiencia
imborrable. E impagable; gracias.
La satisfacción de Francesca al comprobar que los gavilanes se habían
readaptado perfectamente a la vida salvaje tras su período de cautividad,
contrarrestaba con su otra gran preocupación: una especie de pinzón de Darwin
que sólo habita en unas pocas hectáreas de manglares en el Noroeste de Isabella,
y que también están amenazados por ratas y moscas que infectan sus huevos.
Quedan unas pocas decenas. Los programas que implanta Francesca los están
manteniendo a duras penas. Pero es caro. Parecen estar condenados a desaparecer.
Si Francesca se va, o no le renuevan las ayudas, la especie desaparece por
siempre de su hábitat. Cuando hago de abogado del diablo y le pregunto qué
ocurriría si se extinguen, se encoge de hombros y no sabe qué contestar. “Ética
con la naturaleza” me responde cuando le consulto cómo defiende su trabajo ante
los directivos del parque y políticos. Éste es parte del problema. El otro, el
no querer dar detalles a la prensa sin pasar por el filtro del gabinete de
comunicación del parque, con los 1.500 dólares que piden por tomar imágenes. Si
nadie conoce la historia del pinzón
del manglar, la pérdida es menor.
2- Moras, tortugas gigantes, y el Chivo Judas
Las ratas entraron por accidente, pero otras especies han sido introducidas
adrede como cultivos o ganadería. Primera pregunta: de todas ellas ¿Cuáles se
han convertido en las especies invasivas más dañinas? Por sorprendente que
parezca, la mora
que se ha extendido sin control ahogando plantas endémicas. Y las cabras que
también campan a sus anchas sin depredadores que regulen su población.
Segunda pregunta: ¿Por qué las Galápagos es el único lugar del mundo con
tortugas gigantes? Sobre su origen y evolución se discute si es un caso de
gigantismo insular, o si millones de años atrás ya llegaron desde el continente
las más grandes con cuellos largos que les permitían no ahogarse sobre los
troncos empujados hacia las islas por la corriente de Humboldt. Pero la pregunta
que nos interesa es ¿por qué sobrevivieron sólo allí? En parte porque se logró
detener su caza cuando de los 250.000 ejemplares que habitaban hace dos siglos
todavía quedaban 15.000, pero de manera más fundamental, porque ningún animal se
las come, ni ninguno se come su comida. No tienen competencia. Hasta que en
Isabella alguien introdujo los chivos como provisión de carne y leche.
El ecosistema de Galápagos no es diverso, todo lo contrario. Hay pocas
especies. Y eso lo convierte en muy frágil. Aparece una cabra, y vuelve a
expandirse sin control comiéndose sin remordimientos la comida de las lentas
tortugas gigantes, y disminuyendo drásticamente su número. ¿Solución implantada
por el Parque? ¡los chivos judas! (“las”, mejor dicho). Las chivos judas son
unas hembras inyectadas de feromonas que llevan un collar radiotransmisor y
fueron liberadas en diferentes puntos de la isla Isabella para que se integraran
con las diferentes manadas de chivos. Con ello los conservacionistas del parque
podían averiguar su localización, perseguirlas con helicópteros, y fusilarlas a
todas a excepción de la hembra Judas, que vagará hasta encontrar otras manadas a
quien delatar de manera inconsciente. Unos 100.000 chivos fueron eliminados de
esta manera hace unos años, con el objetivo de preservar la isla Isabella tal y
como era antes de su llegada.
3- ¿Quién amenaza a los tiburones?
Cuando investigadores de la Universidad San Francisco de Quito te invitan a
bucear entre tintoreras y tiburones martillo por el islote de “El León Dormido”,
y ves a esas majestuosas criaturas comportándose como absolutos dueños de sus
mares, te preguntas: ¿Cómo pueden estar en riesgo? ¿Quién puede amenazarlos? No
tienen rival alguno. Pero resulta que existe una especie que se presupone
inteligente pero se comporta como las ratas que se comen los preciosos huevos de
los gavilanes. Aunque parezca inconcebible, la población de tiburones en las
galápagos llegó a estar en riesgo por la caza indiscriminada de tiburones. Los
pescadores les cortaban las aletas y los devolvían moribundos al mar sin
posibilidades de nadar. La bestialidad del colectivo humano puede ser
desgarradora. Es la especie en la cima de la evolución, en lo más alto de la
cadena trófica, que puede incluso con los tiburones. Por suerte ya se han
conseguido reducir al mínimo esta pesca ilegal, pero así, en una caza
irreflexiva en busca de carne y aceite, ya desaparecieron las especies de
tortugas endémicas de Floreana.
4- El niño, la niña, y el cambio climático
Paro aquí. El post parece largo pero creedme, es corto tras 9 días en las
galápagos rodeado de científicos. Omito las larvas de langosta, el plancton de
la expedición Tara Oceans, las patas azules de los boobies, la poliandría de los
cormoranes, el peculiar comportamiento de las crías de lobos marinos, toda la
geofísica y sismología de las islas, mi terapia conductual contra el miedo a las
arañas tras pasar por la isla de Rábida, la interesante visión de la Universidad
de San Francisco de Quito de integrar a la comunidad local en la ciencia y
generar desarrollo económico a través de la investigación, el viaje de Von
Humboldt, las reflexiones de Darwin, la teoría de las islas ocultas de las
Galápagos, las leyendas locales, los supuestos avistamientos de ovnis, el pastel
de manzana... y la playa del amor.
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